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Iglesia de San Antonio de Padua

Obras de adecuación, reparación y reforma

Gijón, Asturias

Desde la finalización de su ajetreada construcción (se comenzó justo antes de la Guerra Civil y tuvo que esperar al final de esta contienda para ver acabada su fábrica), no se realizan más obras en la iglesia de San Antonio de Padua que las llevadas a cabo para adaptar su presbiterio al Concilio Vaticano II en 1970.

Las obras exteriores e interiores realizadas recientemente en el conjunto del edificio han tenido por objeto solucionar los problemas existentes de filtraciones de agua en muros y cubiertas, así como poner al día acabados e instalaciones (acústica, iluminación, calefacción, electricidad…). Durante las obras se ha realizado un trabajo exhaustivo de limpieza en volúmenes, elementos constructivos e iconografía para conseguir un espacio más sobrio y adusto, acorde con el espíritu de pobreza que identifica a la orden mendicante que la construyó y regenta actualmente: los Hermanos Franciscanos Capuchinos.

La iglesia de San Antonio de Padua se edifica a partir del año 1934 según proyecto del arquitecto municipal Miguel García de la Cruz, siendo dirigidas sus obras por el arquitecto Manuel García Rodríguez.

Su fábrica se realiza con mampuesto de caliza, revestido con mortero pétreo (realizado con áridos de machaqueo de granito) en sus fachadas oeste y sur, quedando desnudas las restantes.

Este aspecto original del templo se vio modificado a lo largo del tiempo: pinturas sobre el mortero pétreo, recubrimiento de mortero de cal en las fachadas norte y este y mimetización con el nuevo convento (1983) con aplacado cerámico a sus pies.

Antes de la intervención, las fachadas laterales y la cabecera presentaban desconchados y humedades generalizadas así como manchas de suciedad producidas por escorrentía y contaminación. Los puntos más afectados coincidían con los inmediatamente inferiores a las albardillas de baldosín (que coronaban contrafuertes y pesebrones) al no poseer botaaguas o goterones que alejasen el agua de las fábricas y en particular en aquellas zonas donde había rotura y desprendimiento de algunas de estas piezas. Si bien se apreciaban zonas más alejadas donde el agua llegaba debido a la facilidad con la que la fábrica de caliza la transporta.

Los contrafuertes se han revestido con chapa de zinc antracita que garantiza la impermeabilidad y protección frente al agua de lluvia, consiguiendo una imagen monolítica al no tener que incorporar elementos extraños de coronación para evitar las escorrentías. La junta alzada horizontal potencia la fuerza plástica de estos elementos estructurales a modo de grandes sillares, que penetran en el interior de la iglesia.

El zinc, en acabados grafito y natural, se ha utilizado para rematar la coronación de los muros, perímetro de mantenimiento de las cubiertas, gárgolas, cazoletas y bajantes.

Para un mejor mantenimiento de la fachada del patio se ha instalado una pasarela metálica que discurre sobre los contrafuertes.

El acabado pétreo original de la fachada a la calle Luciano Castañón se ha recuperado tras la eliminación de pintura y reparación de fisuras, rozas… practicadas a lo largo de su historia. En las fachadas norte y este, tras eliminar el mortero de cal se logró reproducir tras varios ensayos, utilizando técnicas actuales un acabado pétreo similar al original: recuperando de esta manera una técnica constructiva en desuso. Estos morteros se han protegido con hidrofugantes para garantizar una mayor impermeabilización y por tanto durabilidad de las fábricas.

El interior de la iglesia de S. Antonio de Padua es un espacio diáfano, formado por nave única cubierta de bóveda de cañón, con seis arcadas laterales, grandes lunetos introduciendo luz y cabecera recta. A los pies se alza la fachada principal, por la cual se produce el acceso.

La estructura de la bóveda, de seis vanos, está realizada con tres vueltas de rasilla, apoyadas sobre siete costillas, perpendiculares a la nave, configuradas como arcos fajones y contrafuertes. El revestimiento de zinc antracita del exterior se convierte ahora en sillares y dovelas de hormigón polímero negro; salvo en el arco triunfal, donde se aplicó estuco negro para enaltecer el paso al presbiterio. Se ha buscado un acabado interior de la iglesia sobrio y adusto, fiel reflejo del espíritu de pobreza que identifica a la orden mendicante que la construyó y regenta actualmente; de este deseo surgen los paramentos blancos ligeramente texturados de los vanos y la plementería de la bóveda. Textura que apoya al fonoabsorbente bajo el aluminio deployé situado en el fondo de las capillas y pies de la nave que mitiga la reverberación. La megafonía, sólo dos columnas a ambos lados del arco del presbiterio, completa la mejora acústica, atendiendo las necesidades auditivas de los creyentes.

Se ha reabierto el luneto oriental de la bóveda del presbiterio, que comunica éste visualmente con el coro donde los Hnos. Capuchinos podían oír misa sin salir del antiguo convento.

En origen los pies se remataron en altura con un coro, al que se accede por una galería que discurre sobre los nichos orientales, desde el coro de los frailes. En 1983, se añadió una tribuna para incrementar el aforo, a la que se accede por dos escaleras que recorren verticalmente el espacio de las primeras capillas laterales. La reducción del ancho, demoliendo los laterales de esta tribuna, nos permite apreciar tangencialmente la verticalidad de la nave (16 m) y recuperar espacialmente las segundas capillas (Nazareno y Padre Pío).

Bajo la tribuna se ha consolidado el atrio acotado, bajo la primera costilla y en la coronación de las escaleras, por cristaleras que garantizan el aislamiento acústico.

Las mejoras de uso se han completado con la instalación de una calefacción de suelo radiante con agua a baja temperatura. En el proyecto se cuidaron asimismo aspectos como la iluminación y el soleamiento, la ventilación, la restauración iconográfica… que ahora nos alegran el final de la obra.

Los arquitectos tenemos que agradecer a los hermanos Capuchinos, que con nosotros tuvieron tanta relación como la obra muestra, que entendieran desde el primer momento, aquello que el arquitecto por oficio y por cariño a lo que hace está siempre obligado a llevar adelante, de quienes son los dueños: la propiedad. Ambas partes dialogaron de continuo y se plantearon cómo resolver el espacio con dignidad y actualización, atendiendo igualmente a la sensibilidad de los fieles.

Iconográficamente, han desaparecido varias imágenes. Se recorre un camino espiritual hacia el ábside, lo más severo y despojado. En el atrio y primera capilla, los santos y devociones más populares. Luego el Vía Crucis de Antonio Oteiza como espacio de transición. Después Francisco de Asís dialoga con el Cristo como en San Damián. Y ya al borde del presbiterio Isabel de Hungría con la Santina.

El presbiterio, remodelado por Joaquín Rubio Camín y José Díez Canteli en el periodo en que ejerció de Superior en este convento el Padre Santiago, como respuesta al aggiornamento (puesta al día) impulsado por el Concilio Vaticano II recupera su espíritu. Destaca, ahora, la imagen de San Antonio de Padua que levita rozando la cabecera; con su limpieza restauradora “in situ”: tanto la plancha de hierro oxidado como la madera vuelven a su primitivo color. El Crucificado de acero, también de Camín, ha vuelto al altar recuperado tras un periplo por tierras cántabras. Las piezas litúrgicas (altar, ambón, sitiales, sagrario) recuperan su aspecto material, disposición y espacios.

 

Promotor:
Orden de los Hermanos Menores Capuchinos de la provincia de Castilla.
Emplazamiento:
C/ Uría, 47. Gijón, Asturias.
Año de finalización de las obras:
2009.
Superficie de intervención:
1.560 m2 en fachadas; 970 m2 en cubiertas; 714 m2 interior.
Arquitecto:
Marcelino Galán Feito.
Colaboradores:
Daniel Menéndez Blanco, arqto.
César de Francisco Garrote, arqto.
Antonio Gordillo Jiménez de la Plata, arqto.
Andrés Abad Loché, aparejador.
Carlos Méndez Suárez, iluminación.
Colaboración y asesoramiento artísticos:
Joaquín Rubio Camín.
Antonio Oteiza (Via Crucis).
Empresa Constructora:
ESFER Construcciones y Proyectos, S.L.
Restauración Imagen de San Antonio:
Luis Suárez Saro.
Restauración Crucifijo, portacirios y portavelas:
Jaime Rionda Fernández.
Fotografía:
AIU ArquItectUra.